PERFIL

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«En sus obras, Ferrer Millán suele plantear una combinación, en algunos casos contraste dialéctico, entre espacios que sugieren lo celeste y lo marino. Sus formas abstracto-figurativas parecen pertenecer a uno y otro de los ámbitos, y parecen estar en permanente metamorfosis. Ante nuestros ojos, las formas que protagonizan sus cuadros nos recuerdan equinodermos, estructuras ampliadas de seres pluricelulares, formaciones coralinas, anémonas, espectros siderales, o nebulosas. No son formas inertes, sino que se muestran vivas y en movimiento permanente, unas veces ondulantes, otras circulares, otros peristálticos, ascendentes, oclusivos, convergentes o divergentes, todas ellas sobre fondos ilimitados y evanescentes, donde por medio de gradaciones tonales y de luz, perfectamente estudiadas, Ferrer Millán recrea la densidad de una atmósfera indefinida, en sus capas superiores estratosféricas, o la de una superficie aparentemente acuática en la que flotan o de la que emergen esas formas tan sugestivas».
ARTURO ANSON NAVARRO. 1998


«Las masas de sugerencia geográfica han deslindado su demarcación para convertirse en estructuras orgánicas. La pintura ha trasgredido el dominio del tupido entramado, para dejarse habitar por el pensamiento mítico. Las formas que pueblan las piezas de Ferrer Millán trazan una fábula laberíntica o silente-como se alude en algunos de los títulos-, que alejándose de una traducción verbal se tejen con imágenes pertrechadas con trenzados instantes de color. Un espacio utópico, libre y no regulado.

En la actual pintura de Ferrer Millán la perspectiva se relaja aún más hacia lo intemporal. El dinamismo de los espacios ganados al vacío del fondo, provocan un movimiento inquietante. Las superficies compactas se han quebrantado, otorgando un significado distinto a las referencias visuales. Es la fortaleza de lo mítico, de la energía intrínseca, la que ha dejado a la luz otro universo que antes estaba oculto. Una obra que invita a imaginar, a crear las asemejanzas entorpecidas por la racionalidad. Un microcosmos de ordenadas turbulencias recónditas que al resquebrajarse proponen un arriesgado recorrido por las metáforas de un paisaje subconsciente».
DESIRÉE ORÚS. 2OO3


«Precisamente a la memoria se han estado fiando todas las intenciones e incluso los motivos más o menos explícitos quizá porque no es nunca posible discernir con bastante certeza cuánto de imaginario puede tener acaso la frágil realidad representada -que es fruto del olvido- y qué vasta porción de lo real se procura ocultar entre la turbamulta de los sueños
transcritos -que siempre son trasunto flaco de la memoria-, sabiendo desde luego que nada es por supuesto lo que tal vez parece y menos todavía cuando la intención última es justo la contraria, como sucede aquí en todos los casos si tenemos en cuenta que se trata de volver a crear plásticamente, reinventando de nuevo su ligera y volátil percepción sensitiva, las presencias visibles de todos los aromas primigenios, del color insondable y casi deletéreo, del silencio sin mácula, de la luz suspendida en el instante mismo de las revelaciones y también de la dúctil memoria omnipresente que convoca sin tregua ni mesura la inmensa sucesión de pensamientos ilusiones recuerdos emociones y sueños, y todas las oscuras sensaciones y todos los profundos sentimientos que sustentan y explican y afirman y desmienten la experiencia vital, imaginaria y cierta, del mirífico artista.

Aunque tal vez el artista, Joaquín Ferrer Millán, sólo actúa de intermediario privilegiado y en realidad su pintura se ocupa desde hace mucho tiempo, antes de su vida, de la nuestra, que también tiene aromas, color, silencio, luz y memoria constante del incierto futuro presentido».
RAFAEL ORDÓÑEZ FERNÁNDEZ. 2OO3


«A partir de este entramado de líneas rectas nacidas de la frialdad del tiralíneas, Ferrer da vida a los protagonistas de sus composiciones, cuerpos sinuosos, ligeros, ingrávidos y con perfiles ondulados que parecen flotar sobre atmósferas o fondos marinos no habitados más que por sugerentes degradaciones cromáticas; cuerpos que evocan lo orgánico, lo natural, que recuerdan a la vegetación submarina, a las formaciones coralinas o, incluso, a tejidos humanos vistos al microscopio. Observamos en estos lienzos formas vivas que parecen haber sido captadas en un instante del movimiento imparable en el que se encuentran inmersas, acunadas por el fluir de la marea, por el sentir de la brisa, en permanente evolución, pero siempre desde la serenidad que transmite Ferrer a través de sus ‘Sueños Paralelos'».
MARÍA LUISA GRAU TELLO. 2018

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