PERFIL

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ELOGIO DE LA LENTITUD

En los tiempos de la inmediatez y del “as soon as possible”, posicionarse dentro del eje de la lentitud constituye toda una declaración de intenciones ante un mundo cada vez más acelerado. Joaquín Ferrer Millán pertenece a este grupo de resistentes que dejan de lado el reloj para tomar por cómplices a su tiralíneas, acrílicos, óleos y lienzos, materiales con los que crea una pintura de lo minucioso, alabanza de la lentitud y de la concentración, reposada e hipnótica que se sitúa, desde los más de cuarenta años que lleva dedicado al oficio de la pintura, en el ámbito de la abstracción.

El autor se mantiene fiel a la pintura que ha ido configurando en la última etapa de su carrera, una abstracción que queda ya lejana de sus primeras creaciones situadas en la estela del arte neoconcreto. Fue en los años 80 cuando Ferrer renunció a esas referencias externas para encontrar su propia identidad artística en una pintura de abstracción organicista en la que mantiene su factura a base de un sinfín de líneas yuxtapuestas y entrecruzadas, si bien sustituyendo el carácter geométrico de su producción anterior por la incorporación de formas curvilíneas que, desde entonces, singularizan su obra junto con el uso del color, de los juegos ópticos y de las texturas.

Los paisajes marinos o los cielos que Ferrer contempla a través de la ventana de su estudio bien podrían ser la fuente de inspiración que sigue a la hora de preparar los fondos sobre los que desarrolla sus abstracciones; en ocasiones, son como un límpido horizonte azul sutilmente degradado, en otros casos se inclina por tonos cálidos que nos acercan al cielo ardiente del verano o, también, a los rojizos y violáceos atardeceres, entre otros muchos. Estos campos de intenso color son, como decimos, la atmósfera sobre la que Ferrer teje sus características tramas, sirviéndose, paradójicamente, de una gama cromática limitada a tres tonos: el gris, el negro y un tono más claro que varía en cada obra. Superpone Ferrer líneas en un ritmo eterno que oscila entre la delicadeza de la bordadora y la perfección técnica del delineante, dedicaciones profesionales de su madre y padre, respectivamente, que representan lo técnico y lo manual, lo masculino y lo femenino, y que al contemplar la obra de Ferrer parecen estar subyacentes; con esta una sucesión de líneas, que concede una singular textura a sus obras, el pintor busca crear un efecto moiré con el que dibujar, a su vez, líneas ondulantes que subrayan el carácter sinuoso de sus composiciones, pero además, consigue incorporar un cuarto color surgido del efecto óptico resultante de la superposición de líneas de distintos colores.

A partir de este entramado de líneas rectas nacidas de la frialdad del tiralíneas, Ferrer da vida a los protagonistas de sus composiciones, cuerpos sinuosos, ligeros, ingrávidos y con perfiles ondulados que parecen flotar sobre atmósferas o fondos marinos no habitados más que por sugerentes degradaciones cromáticas; cuerpos que evocan lo orgánico, lo natural, que recuerdan a la vegetación submarina, a las formaciones coralinas o, incluso, a tejidos humanos vistos al microscopio. Observamos en estos lienzos formas vivas que parecen haber sido captadas en un instante del movimiento imparable en el que se encuentran inmersas, acunadas por el fluir de la marea, por el sentir de la brisa, en permanente evolución pero siempre desde la serenidad que transmite Ferrer a través de sus “Sueños paralelos”.

María Luisa Grau Tello

Doctora en Historia del Arte / Miembro del Observatorio Aragonés de Arte en la Esfera Pública

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