PERFIL

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EL TRENZADOR DE ILUSIONES

La línea es el puente de percepción que conduce al artista a entramados infinitos, es su apoyo técnico. La directriz rectilínea se ha convertido en la confidente traductora de su capacidad creativa. Para Joaquín Ferrer Millán, el proceso pictórico es un arcano que se ha quedado sin secretos. La grandeza consiste en lograr de la evidencia nuevos campos cognoscitivos.

Composiciones que desde la serenidad cromática, nos llevan a cuestionarnos qué se esconde tras esas formas de apariencia orgánica. Formas que ahora se resquebrajan en su estructura interna para dejar aflorar un dinamismo renovado. Es la evolución plástica de una larga trayectoria.

Al igual que el joven pensador Zaratrusta, el artista investiga retirado en su estudio con un solo objetivo, estar en contacto con el principio de la creación. Una tarea lenta en la aplicación de un procedimiento minucioso que se teje a cortos golpes rectilíneos que se enfrentan y complementan, como vectores atrapando la luz. Un universo que lejos de concebir la frialdad geométrica, produce sensaciones cálidas al mismo tiempo que inquietantes. En su dilatada trayectoria Ferrer Millán ha transitado –en un sucinto recordatorio-, desde sus primeras obras focalizadas hacia un arte óptico, continuando con sus paisajes lineales hasta eclosionar en unas fisonomías orogénicas. Estratos continentales avistados desde una perspectiva orbital.

Las masas de sugerencia geográfica han deslindado su demarcación para convertirse en estructuras orgánicas. La pintura ha trasgredido el dominio del tupido entramado, para dejarse habitar por el pensamiento mítico. Las formas que pueblan las piezas de Ferrer Millán trazan una fábula laberíntica o silente-como se alude en algunos de los títulos-, que alejándose de una traducción verbal se tejen con imágenes pertrechadas con trenzados instantes de color. Un espacio utópico, libre y no regulado.

En la actual pintura de Ferrer Millán la perspectiva se relaja aún más hacia lo intemporal. El dinamismo de los espacios ganados al vacío del fondo, provocan un movimiento inquietante. Las superficies compactas se han quebrantado, otorgando un significado distinto a las referencias visuales. Es la fortaleza de lo mítico, de la energía intrínseca, la que ha dejado a la luz otro universo que antes estaba oculto. Una obra que invita a imaginar, a crear las asemejanzas entorpecidas por la racionalidad. Un microcosmos de ordenadas turbulencias recónditas que al resquebrajarse proponen un arriesgado recorrido por las metáforas de un paisaje subconsciente.
Otra característica novedosa que encontramos en esta serie de pinturas es la inclusión de un elemento geométrico perimetral, como punto de ruptura visual en la composición de los fondos.

En ocasiones advertimos cómo en el vértice superior cambia la degradación cromática para reforzar el reclamo óptico de un cuadrado. Una inclusión que tiene su nota más sobresaliente en un díptico donde bajo la sombra de los sienas se ha formado un poliedro. Son sutilezas de reposada mirada que contribuyen a crear un punto de desasosiego en la placidez compositiva.

La sincronía meridiana de los colores es un factor que va intrínsecamente relacionado con la idea que tenemos de la pintura del artista. En su mayoría la serenidad de los tonos medios preside las colecciones, pero esto no es óbice para que nos sorprenda con brillantes degradaciones carmesíes o sus fieles amarillos. Una demostración de que prácticamente ningún color del espectro queda fuera de su dominio. Es el pulso trabado de la combinación de los tonos que se unifican en la visión externa. Son latidos de color que se funden en la retina, estimulando unas vibraciones unificadas. El artista preserva el infinito a través de átomos de color que se extienden en los confines del espacio imaginable.

En tiempos de la globalización, de las continuas referencias en el arte, Joaquín Ferrer Millán no quiebra en su línea original, única, dando un paso más allá sin temor a corrientes establecidas por tendencias aceptadas en el mercado. Es en una palabra un resistente que pertrechó un camino donde los apoyos son difíciles, sin una moneda de cambio. Su pintura carente de formalismos se arriesga a deslindar lo descrito para imbuirse en una manera personal e identificativa de explicar el arte. Es un gran valor.

Desirée Orús

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